Boletines de marzo

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Marzo de 2019 nos trajo una noticia de esas que atraviesan el océano y por alguna particularidad quedan flotando en el mar de informaciones que nos ahogan día a día.

La noticia viajaba desde Italia y contaba la cruel historia de un joven cuerpo sin nombre encontrado tras un naufragio en las aguas del Mediterráneo.

El niño sin nombre tendría unos 14 años, según el equipo forense que lo estudió, y provendría de Mali. La embarcación en la que viajaba se hundió el 18 de abril de 2015 frente a las costas de Libia, y con él murieron mil personas más.

La antropóloga forense italiana Cristina Cattaneo, junto con el Laboratorio de Antropología y Odontología forense de Milán, intentaron darle a este niño una identidad. Entre sus ropas, encontraron cosida una bolsa de lienzo que contenía un boletín de calificaciones que, según lo poco que pudo reconstruirse, reflejaba que ese niño era un excelente alumno en alguna escuela de aquel lugar.

Su madre, o la persona que lo tenía a su cargo, había cosido a su vestimenta esta documentación, quizá en la creencia de que acreditar una trayectoria educativa podría ayudar a esta criatura a forjarse un porvenir una vez alcanzada esa costa tan anhelada como lejana.

Una madre creyó que otros adultos iban a valorar la educación de su hijo de la misma manera que ella lo hacía.

Una madre hizo puntadas que unían la educación con el futuro.

Desafortunadamente, su hijo y su boletín fueron rescatados del fondo del mar.

Al haber pasado tanto tiempo bajo el agua, la mayoría de las hojas resultaron ilegibles y nunca se pudo saber el nombre de ese niño que hoy está enterrado en una tumba anónima de un cementerio de Sicilia.

Esta historia y muchas más de igual crudeza fueron recopiladas en el libro Náufragos sin rostro, en el que la doctora Cattaneo y su equipo reflejaron los cinco años de trabajo en reconocimiento de víctimas sin nombre.

Más allá de la tragedia humanitaria que significan las muertes en el mar y de tratar de internalizar que detrás de cada muerto hay una historia, una familia y un sueño, no podemos olvidar la enorme carga simbólica de este gesto.

Estamos empezando el año lectivo con múltiples desafíos que nos ponen a prueba como comunidad, como familias y como escuelas.

Afortunadamente, muchos niños y adolescentes empezaron ayer el colegio sonrientes y con ganas. A los adultos nos compete dar las puntadas necesarias para que la educación se convierta en su futuro.

*Periodista

Esperanza. Los chicos iniciaron ayer un nuevo ciclo escolar. (Ramiro Pereyra)

source https://www.lavoz.com.ar/opinion/boletines-de-marzo

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